Día 11 : Una mirada al conflicto norirlandés

Hoy definitivamente el sol se ha impuesto a las nubes, que no al frío, y nos ha dejado un día de los que apetecía pasear. Así que he cogido mi kit completo y me he echado a la calle. Belfast tiene una historia detrás que nunca se debería de olvidar y que todavía rebosa por las calles de esta, parece, moderna ciudad que mira al futuro. Y una de las muestras más permanentes de esa historia, de ese pasado, se ve en cuanto comienzas a pasear por dos de los barrios más representativos de la época de los problemas: West Belfast y Shankill, el primero católico y republicano, el segundo protestante y lealista.

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Los dos barrios son colindantes, pero se encontraban (y encuentran) separados por una serie de puertas o checkpoints y un muro de la vergüenza, al que ahora han rebautizado como Muro de la Paz. Pero aparte de todo eso, lo importante es el arte mural que generó el conflicto. En los dos barrios se crearon y subsisten multitud de murales con pinturas, frases e imágenes relativas al conflicto, siempre desde el punto de vista (sectario) de cada uno.

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Pese a todo, existen algunas diferencias. Mientras que en los murales republicanos se da más importancia a las personas y al mensaje que quieren transmitir dejando las armas en un segundo plano, en los murales lealistas las armas suelen ser la base del mural, para dar la sensación de que estaban oprimidos y solo se podían defender con ellas.

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Pero la base de todos los murales es la propaganda, la loa a los caídos y al futuro que desean cada una de las comunidades. Y, casi siempre, muestran un odio atroz hacia el otro bando. Los dos barrios, sin embargo, son bastante parecidos, quizás con un punto más de pueblo el católico que el protestante, pero sobre todo se detecta un ambiente opresivo que sigue flotando por encima de la zona, unas miradas desconfiadas al turista que va allí a admirar los murales, en definitiva, algo que parece que la maltrecha paz que se impone en los seis condados no parece terminar de anular.

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La identificación es tal con su bando que hay muchas esquinas en las que las aceras están pintadas con los colores correspondientes (azul, blanco y rojo los lealistas; naranja, verde y blanco los republicanos). Sin embargo, en cuanto cruzas la frontera imaginaria que te saca de estas zonas, Belfast vuelve a ser una ciudad moderna que intenta huir de su pasado.
Por la tarde he estado en el museo temático que han hecho sobre el Titanic en el muelle donde se construyó. La verdad es que está mejor de lo que me esperaba, aunque sea muy caro. Eso sí, el edificio que han hecho evocando la forma del barco es espectacular.

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En fin, mañana por la mañana aún seguiré por Belfast, pero por la tarde volaré a París, siempre París, la mama París. Os contaré 🙂

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