Día 10 : El sol lo cambia todo

Hoy, por fin, desde la última vez que lo vi el martes por la mañana antes de desatarse la nevada, ha salido el sol. La pena es que estaba camino de Belfast para dejar el coche y se me han quedado muchas cosas en el tintero que me hubiera gustado conocer. Pero hoy ha salido el sol y eso es lo que cuenta.

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Camino de Belfast he parado en Navan Hill. En definitiva, la morada de los antiguos reyes del Ulster y un lugar ritual que marcaba el centro del reino. El yacimiento, como veis en las fotos, no deja de ser un colina con dos promontorios que son colinas artificiales creadas por el hombre a base de construir y hundir lo que construían para rellenar.

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Todo eso te lo explican en el Centro de Interpretación que han hecho al lado de la colina. Una muy buena exposición donde te cuentan primero las leyendas relacionadas con el mítico Reino del Ulster, para pasar en la segunda parte del museo a contarte todos los restos arqueológicos que se han recogido y como es ese trabajo arqueológico. Muy, muy didáctico. Al final, todo termina con un audiovisual donde se recrean las leyendas con actores. Además, todo está en perfecto castellano a través de unos auriculares que te dan. Muy interesante.

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Luego me he ido al aeropuerto de Belfast a devolver el coche. Por cierto, no me ha gustado, me ha resultado muy incómodo (era un Peugeot 308). En fin, que lo he devuelto y me he venido para el alojamiento en Belfast. Lo poco que he hecho es salir un rato para cenar y echar un ojo por la ciudad.

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He visto el ayuntamiento (encima) y la Queens University y la verdad es que creo que la ciudad va a estar curiosa. Veremos.

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Para terminar un día agradable, he hecho dos amigas en el pub de la esquina de la calle de la Guesthouse. Os las presento en la última foto 😉

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Día 9 : Estoy muy harto de este sitio

Pues sí, creo que hace mucho tiempo que no hablaba así cuando estaba de viaje, pero es que hoy la paciencia ha rebosado. Ya sabía que el tiempo no se iba a arreglar hoy (la previsión cambió ayer), así que me he buscado un par de cosas que ver y quería por lo menos dar la vuelta al lago más grande que hay por aquí.
Por la mañana llovía un poco pero me daba bastante igual. He visitado las ruinas de un par de castillos (desde fuera porque estaban cerrados), y luego he ido al pueblo de Belleek donde hay una fábrica de cerámica bastante reputada. Y aquí se ha torcido el día. He llegado a las 12:05 y el tour de visita había partido a las 12. Además, el siguiente no era hasta las 14. Estaba pensando que hacer, porque fuera empezaba a llover bastante, cuando la lluvia se ha convertido en una nevada espectacular que a los 10 minutos empezaba a dar miedo. Así que me he hartado y he decidido volver al alojamiento y que le dieran a este país. Además iba a volver por el camino largo, para ver todo el lago, pero la carretera estaba llena de nieve por lo que he decidido desandar mis pasos. Aún con todo, para hacer unos 30 kilómetros me ha costado casi una hora. Llegado a Enniskillen me he quedado en el pueblo para comer, pero estaba tan enfadado que en vez de buscar algo que hacer por la tarde, ya que la nevada tornaba a lluvia de nuevo, a las tres de la tarde me he encerrado en el B&B. Hasta ahora. No he salido ni para cenar. Me he pasado la tarde viendo las Olimpiadas y al español quedar cuarto en patinaje. Hasta ahora. Y ahora sí que la previsión dice que mañana lloverá. Pero ya me da igual. Mañana devuelvo el coche y me voy a Belfast (como ya estaba previsto). Intentaré ver un par de cosas por el camino, y si no, pues adiós.
Mañana Belfast y el lunes me espera París. No quiero ni mirar la previsión del tiempo. No me van a estropear mi ciudad.
Como veis hoy no hay fotos. He hecho muy pocas y ni me apetece descargarlas.

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Día 8 : Curso acelerado de conducción sobre nieve

¿Sabéis una cosa? Cuando uno piensa que una cosa es una mala idea lo mejor es que piense en si hacerla o no. Hoy se me había metido entre ceja y ceja visitar los restos de una abadía y unas ruinas neolíticas. Hasta aquí, nada que objetar. El problema es que se encontraban en las estribaciones de una cadena montañosa, y tal como está el tiempo no era objetivamente una buena idea. Pero en Derry esta mañana se alternaba la lluvia con los claros y me la he jugado.
Resultado : patinaje sobre nieve en coche. La nevada era monumental y la carretera estaba llena de nieve y hielo. Para cuando me he dado cuenta de que era una mala idea, el dar la vuelta no era viable, así que he seguido. No he visto ninguna abadía ni ningún yacimiento. Solo nieve y hielo y un coche que en cuanto el giro era un poco más rápido de lo normal o rozaba el freno (y digo bien, rozaba) culeaba. Así que me he dedicado a jugar con las marchas y a rezar. Mucho. Para cuando he conseguido llegar a Omagh, la nevada se ha convertido en un diluvio que no permitía ver más allá de veinte metros, así que camino de Enniskillen pensando cada vez más que quién me mandaría meterme en este viaje.

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Afortunadamente, llegando a Enniskillen ha parado de llover y ¡ha salido el sol! Seguía haciendo mucho frío, pero había salido el sol. El pueblo no tiene casi nada, quitando los restos de un castillo con un museo militar curioso y una calle principal animada.

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Luego, cuando harto del día he llegado  al B&B de hoy me ha salido un hombrecillo que no sabía  nada de nada, yo creo que ni siquiera sabía que alquilaba habitaciones. Le he convencido de que tenía una reserva enseñando el mail pero no lo tenía muy claro, porque además parecía estar sordo como una tapia. Al final he deducido que debía ser el abuelo de la familia que se había quedado solo un rato y no tenía ningún interés en el tema. Pero claro, el día que mal empieza, mal tiene que acabar.

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En fin, que ahora lleva tres horas sin llover (sí, a eso de las cinco de la tarde se ha puesto a llover otra vez) pero mañana la previsión dice que no parará en todo el día. Yo quería recorrer castillos a la orilla de los dos enormes lagos entre los cuales se encuentra Enniskillen. A saber. Cada vez empiezo a estar más cansado de este viaje y quiero ir a París ya. Paciencia.

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Día 7 : La paz se ha impuesto en Derry… aparentemente

Hace no muchos años la ciudad en la que me encuentro era el epicentro de la guerra civil que se libraba en los cuatro condados del Norte de Irlanda entre las dos comunidades: los unionistas y los nacionalistas, protestantes contra católicos, partidarios de la pertenencia al Reino Unido y partidarios de la unión de toda la isla. Esta ciudad era (es) llamada de dos maneras distintas dependiendo de la comunidad que la nombraba : Derry o Londonderry. Ahora se ha impuesto la doble denominación oficial, aunque cada comunidad la sigue llamando a su manera. Esta mañana, cuando dejaba Bushmills la dueña del B&B donde me alojaba se ha delatado al no entenderme cuando le he dicho que iba a Derry. En fin, que ahora la ciudad parece vivir en paz, aunque aún se pueden encontrar restos del pasado en forma de murales:

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Por lo demás, Derry es una ciudad que ha decidido mirar al futuro siendo consciente de lo que pasó y no tiene que volver a pasar nunca. Ya no hay checkpoints del ejército en las calles de la ciudad y el suburbio católico de Bogside ya tan sólo parece un barrio más de las afueras  de una ciudad.

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En esta nueva ciudad destaca el Tower  Museum que hace un recorrido por la historia de la ciudad desde el Neolítico hasta la actualidad, sin pasar de puntillas por la época de los problemas, como la llaman aquí. Luego te subes a las murallas de la antigua ciudad y puedes recorrerlas completas, ya que están perfectamente acondicionadas cómo un paseo y desde donde puedes ver como se ha extendido la ciudad por las colinas de alrededor y ha llegado a saltar el río.

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Además, si te acercas al río puedes ver el nuevo puente que han hecho, peatonal, y que han bautizado con el ineludible nombre de Puente de la Paz.

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En definitiva, Derry se ha convertido en una ciudad que parece muy agradable para conocer, vivir y compartir con sus ciudadanos que han decidido mirar hacia delante. Y digo parece, porque hoy no nieva, pero no ha parado llover muchísimo todo el día y no me ha dejado disfrutar todo lo que hubiera querido de la ciudad.
Además, la gran cantidad de nieve acumulada esta maña con el fuerte aguacero no me ha dejado visitar el Dunluce Castle, uno de los sitios que me apetecía mucho ver.

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Día 6 : Nieve por todas partes

Hoy ha sido mi primer día completo en Irlanda del Norte. Estoy alojado hasta mañana en la pequeña población de Bushmills, al lado de la Calzada del Gigante. Ha sido un día extrañísimo.
Bueno, lo primero es de ir que ya anoche hizo muchísimo frío. Esta mañana lo seguía  haciendo, pero había salido un «sunny day». Como la previsión decía que iba a llover, a primera hora de la mañana he decidido it a la Calzada del Gigante, que era el sitio al que le tenía más ganas de este viaje.

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El frío era intenso, pero cuando estabas al sol no se notaba tanto, y con el gorro que compré en Noruega (bendita la hora) y los guantes he comenzado a andar por la costa. Digamos que la leyenda dice que un gigante llamado Finn construyó la Calzada para llegar a Escocia para luchar con otro gigante, tuvo que volver porque era demasiado grande para él, pero gracias a una treta de su mujer el escocés se asustó y destrozó la calzada en su huida a Escocia. Tan solo se conserva el comienzo de la Calzada. Además, a lo largo de la costa se pueden identificar la chimenea de la casa de Finn, su órgano, su bota o un camello co  el que se trasladaba.

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Realmente, hay una explicación científica, y es que las rocas son basálticas y por el proceso de meteorización producido por el agua y el viento, se han producido todas estas formas caprichosas. Pese al frío, te deja completamente anonadado las formas que hay en las rocas, hasta que llegas a la Calzada. Esta no es muy grande (siempre imaginamos cosas más grandes de lo que realmente son) pero merece mucho la pena observar los hexágonos casi perfectos que dan forma a las columnas, que van disminuyendo de tamaño hasta que llegan a la altura del mar que embravecido como hoy no hace más que golpearlas para continuar erosionándolas hasta no se sabe qué final.

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A la vuelta, asciendes hasta lo alto de los acantilados para sorprenderte todavía más con las espectaculares vistas de la costa completa.

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Como seguía luciendo el sol, he ido hacia la segunda parada del día, el puente colgante de Carrick-A-Rede. Se trata de un puente de cuerdas que usaban los pescadores para acceder a una pequeña isla al lado de la costa y que se encontraba en la ruta que hacían los salmones de vuelta a los ríos. El puente se ha quedado como una atracción turística que en días ventosos cómo hoy impresiona mucho como se bambolea a tu paso.

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En este lugar, cuando he llegado, hablando con el hombre de la taquilla que me ha preguntado por mi lugar de origen y cosas sobre la ciudad (¡el tipo me ha hablado del Reino de Aragón!) me ha dicho señalando al mar que las nubes que veía al fondo era la nevada que iba a caer en una hora y que iba a ser fuerte. Yo no me lo he creído mucho, pero volviendo andando del puente han empezado a caer los primeros copos, y cuando he cogido el coche la nevada empezaba a ser importante. Cuando he visto que empezaba a cuajar me he dirigido a mi alojamiento en previsión  de lo peor. Y lo peor ha sido esto:

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No ha parado de nevar en toda la tarde y ahora hay unos 3 centímetros de nieve en las aceras y cuando he salido para cenar era una pista de patinaje porque además estamos a 0 grados. Teóricamente mañana me voy a Derry (más que nada porque cambio de alojamiento) y tendré que ver como están las cosas por la mañana. Ahora parece que ya ha parado de nevar, pero veremos a ver el hielo. Mañana os cuento 🙂

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